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Microondas

 
Riesgos de la cocción por microondas
El horno de microondas produce una radiación de microlongitud de onda de cerca de 2'45 GHz. Como es sabido esta radiación interactúa con las moléculas en los alimentos (particularmente las del agua). Estas moléculas tienen un polo positivo y otro negativo de la misma forma que un imán. Las microondas generadas por un aparato de este tipo hacen que las moléculas polares de agua roten en la misma frecuencia a millones de veces por segundo. Esta energía crea una fricción molecular que, efectivamente, calienta la comida pero a costa de deformar las moléculas de los productos expuestos. Por ejemplo, en el caso de los 'potitos' para los bebés, la cocción por microondas convierte ciertos trans-aminoácidos en sus cis-isómeros sintéticos. Los isómeros sintéticos, ya sean cis-aminoácidos o ácidos grasos trans, son sustancias nocivas para la salud hasta el punto que se consideran carcinógenos. La L-prolina se convierte en su isómero D –el cual es neurotóxico (causa daños en el sistema nervioso) y nefrotóxico (causa daños en los riñones). La vitamina C y el germanio (nutrientes imprescindibles para nuestros glóbulos blancos) se convierten en su versión metálica, inservible y que el cuerpo se ve obligado a detoxificar. Lo mismo ocurre con los minerales. La carne y el pescado generan peligrosas nitrosaminas (reconocidos mutágenos desde hace años), etcétera. En resumen las estructuras de las moléculas son forzadamente deformadas generando alimentos que perjudican nuestra salud. Además, cuando el alimento se calienta en envases de plástico (como suele ser habitual en el caso de comida preparada o tuppers), se generan peligrosas dioxinas que migran del envase a las grasas del alimento.
 
Apuntes breves
La Unión Soviética prohibió el uso de hornos de microondas en 1976. En 1991, hubo una demanda judicial en EE.UU. debido a que se utilizó un horno de microondas para tibiar sangre que se requería para una transfusión provocando la muerte de la paciente que la recibió. Varios estudios han demostrado los cambios que se generan en la sangre de las personas que consumen habitualmente alimentos cocinados en hornos de microondas. Algunos de estos cambios son: incremento en los niveles séricos de colesterol, disminución de la hemoglobina, disminución del recuento de linfocitos a corto plazo y leucocitosis a largo plazo. En lo relativo a los isómeros (de L-aminos a D-aminos), el efecto del Zappicator sobre los alimentos es el opuesto a la acción del microondas. Ir a la página del Zappicador de alimentos