La Medicina del Futuro | muwellness.com

La Medicina del Futuro

La electricidad
La electricidad es el fundamento de la vida. Hace miles de años que la medicina china conoce la naturaleza eléctrica del cuerpo. Según ellos todas las enfermedades tienen su origen en bloqueos energéticos que ocurren en el organismo. Como es sabido el cerebro y el corazón funcionan con impulsos eléctricos –medidos respectivamente en los encefalogramas y en los electrocardiogramas– pero en realidad el funcionamiento de todo el organismo en su conjunto se basa en la electricidad. Todas las células se comunican mediante impulsos electromagnéticos, al ser el medio de comunicación más rápido. La señalización por reacciones químicas resultaría muy ineficiente teniendo en cuenta que la cantidad de información que una célula trasmite por segundo es tan grande que se necesitarían 100 años para leerla si se imprimiese. Incluso los leucocitos, el tipo de glóbulos blancos más abundante del organismo, matan bacterias y hongos patógenos electrocutándolos.
 
Dibujo 1 – Durante el zapeo nuestros glóbulos blancos se convierten en 'Súper Glóbulos Blancos'.
 
El uso de la electricidad en medicina se remonta a la época romana, donde el médico Scribonius Largus en el 46 AC curaba el dolor de cabeza y la gota de sus pacientes ayudándose de un pez que emitía descargas eléctricas. Los peces eléctricos, como la anguila, se utilizaron de forma intermitente en medicina hasta el año 1745, en el que fueron sustituidos por electricidad artificial, la cual permitía controlar la intensidad de forma más segura. En el siglo XIX la llamada bioelectricidad (electricidad de baja intensidad aplicada a organismos vivos) era un tratamiento rutinario en medicina, hasta que en el siglo XX la industria farmacéutica eliminó de un plumazo todas las terapias que no se apoyasen en el uso farmacológico. Sin embargo, la aplicación de microcorrientes se siguió utilizando hasta la actualidad en la industria alimentaria para destruir patógenos, dado que este sector no representaba una amenaza a los intereses farmacéuticos.
 
El conocido ingeniero electrónico de origen ruso Georges Lakhovsky inventó ya en 1935 un oscilador de onda múltiple con el que eliminó numerosas patologías en humanos, animales e incluso plantas. En los años 60 el físico y doctor Robert Beck retomó el trabajo de Lakhovsky, que culminó con la creación de un pequeño dispositivo que emitía microcorrientes. Según el Dr. Beck, el rango de frecuencias de múltiples longitudes de onda de su dispositivo permite que cada célula encuentre su frecuencia resonante única y se regenere al absorber energía de la longitud de onda que le es propia. Al margen de Lakhovsky, en EEUU el eminente Dr. Raymond Rife ideó un dispositivo bioeléctrico que fue empleado con éxito en varias clínicas norteamericanas en el tratamiento de pacientes terminales de cáncer entre 1934 y 1938, año en que llegó a oídos de la Asociación Médica Americana, la cual destrozó el programa por entero en seis meses y llevó a Rife a juicio.
 
Imgen 1 – De izquierda a derecha: Nikola Tesla, Dr. George Lakhovsky, Dr. Royal Raymond Rife,
Dr. Reinhold Voll, Dr. Robert Beck y Dra. Hulda Clark.
 
La aplicación de microcorrientes se lleva usando mucho tiempo en el caso de mordeduras de serpiente, puesto que la electricidad neutraliza instantáneamente la toxicidad del veneno. Más recientemente, investigaciones realizadas in vitro en 1991 en el Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York reportaron que el uso de microcorrientes de entre 50 y 100 microamperios (equivale prácticamente a la corriente que emite un marcapasos) inhabilitaba una enzima crucial para la reproducción del VIH. Por supuesto, los medios de comunicación no se hicieron eco de este descubrimiento susceptible de salvar la vida de millones de personas a un coste despreciable. El único soporte que reseñó la noticia fue una publicación semanal llamada Science News (puedes descargarla aquí).
 
Se ha comprobado que la electricidad promueve la curación de fracturas en los huesos y estimula su crecimiento. En un experimento científico se aplicaron microcorrientes a una muestra de sangre. El análisis bajo microscopio reveló que permanecía viva muchos días después, mientras que la sangre no tratada hubiera muerto. Hace poco tiempo apareció un artículo en la prestigiosa revista Physics Today que explicaba como campos eléctricos de baja intensidad ralentizaban el crecimiento de ciertos cánceres. Se constató que campos eléctricos lo suficientemente pequeños para no provocar aumento de temperatura corporal pueden inhibir la progresión del cáncer, debido a factores que conciernen la división celular. 
 
El Zapper, a prueba
En 2002 el profesor de investigación Henry Lai del Departamento de Bioingeniería de la Universidad de Washington (EE.UU.) llevó a cabo junto con su colega el profesor Narendra P. Singh un estudio pionero para determinar los efectos de las corrientes eléctricas de baja intensidad sobre cultivos de células involucrando, por primera vez en un estudio científico, el uso del Zapper de la Dra. Hulda Clark. En el estudio se examinaron dos tipos de células en concreto: glóbulos blancos del sistema inmune (linfocitos) y células cancerosas con leucemia (células MOLT-4).

Se aplicó la corriente eléctrica de baja intensidad y tiempo variable generada por el Zapper (0'14 miliamperios) a los cultivos de células a través de dos electrodos de platino durante 2 horas a una temperatura de 37ºC. Posteriormente a la aplicación se hicieron varios recuentos de células en diferentes momentos de forma rutinaria. Los resultados mostraron que el recuento de glóbulos blancos no se veía alterado en ningún momento mientras que el crecimiento de células de leucemia se había inhibido significativamente al cabo de 24 horas de la exposición. Concretamente la concentración de células de leucemia expuestas a la corriente eléctrica era sólo del 58% respecto a las células de leucemia que no habían recibido tratamiento. 

Estos datos sugieren que las corrientes eléctricas pueden inhibir selectivamente el crecimiento de células leucémicas sin afectar significativamente a las sanas. Investigaciones adicionales deberán corroborar si esta misma propiedad selectiva ocurre con otros tipos de células cancerosas así como determinar su mecanismo de acción.
 
Imagen 2 – El Dr. Henry Lai también ha publicado varios estudios sobre las propiedades anticancerígenas del Ajenjo
(planta bien conocida por la Medicina Tradicional China forma parte del protocolo desparasitante de la Dra. Clark).
 
• Limpiezas de la Dra. Hulda Clark