GALERÍA II: Radiactividad y salud | muwellness.com

GALERÍA II: Radiactividad y salud

Un tac son 750 radiografías en un adulto y el doble en un niño. La radiación que recibió la población en Japón en la Segunda Guerra Mundial equivale a cinco tacs seguidos. ¡Suerte que son chequeos!
 
Se calcula que de forma natural recibimos entre 2 y 3 miliSieverts (mSv) de radiación al año. De este nivel, la parte correspondiente a la energía nuclear no debería superar el límite legal establecido en 1 mSv. Un vuelo de larga distancia (transoceánico) supone recibir una dosis de 0'03 mSv. Esto se debe a la altitud, que aumenta la radiación cósmica (radiación ionizante). De esta forma, tripulación y viajeros frecuentes de este tipo de vuelos pueden llegar a estar expuestos a 9 mSv al año, más del triple de lo normal. Algunas pruebas médicas también suponen un incremento puntual de la radiación. Un TAC de abdomen supone 10 mSv, es decir, la radiación equivalente a tres años.
 
 
Publicidad Radioactiva
"La radioactividad te hará sentir más sano". Con estas palabras se anunciaban algunos productos durante la década de 1920 y 1930 en países como EEUU o Alemania. El descubrimiento del radio, de manos del matrimonio Curie unos años antes, había abierto un abanico de posibilidades para la industria, que no tardó en convertirlo en una especie de remedio milagroso para todo. De la noche a la mañana, el mercado se llenó de bebidas y cremas que contenían radio y que prometían aumentar la virilidad o impedir la caída del pelo. Durante años, se utilizó el radio de manera inconsciente hasta que empezaron a morir los primeros afectados: trabajadores que fallecían en apenas unos meses o consumidores a los que el cáncer devoraba sus huesos. Para algunos, el descubrimiento de los letales efectos del radio llegó demasiado tarde. Estos son algunos de los productos más disparatados que llegaron a venderse.
 
RADITHOR
El famoso Radithor, comercializado entre 1918 y 1928, contenía una pequeña cantidad de agua destilada a la que se añadía una porción de radio. Se anunciaba como una 'fuente de luz permanente' capaz de curar el cáncer, las enfermedades mentales y hasta la impotencia. El conocido empresario Eben Byers se convirtió en el más firme defensor de Radithor y llegó a tomarse tres botellitas al día durante dos años. En 1930, tuvo que dejarlo tras comprobar que su mandíbula se caía literalmente a trozos por el efecto del radio sobre los huesos. Su muerte, en 1932, fue el primer aviso de que lo que estaban consumiendo miles de ciudadanos era una auténtica bomba de relojería.
 
CREMAS PARA LA CARA
La crema Tho-Radia, publicitada con este fascinante cartel, era anunciada como la creación de un tal Alfred Curie, inventado por la propia farmacéutica. Los fabricantes de este cosmético, compuesto a partes iguales de torio y radio, no sólo prometían 'iluminar' la cara de las damas, sino que anunciaban sin empacho supuestos poderes curativos.
 
   
 
AUTÉNTICA Y SALUDABLE AGUA RADIOACTIVA
La comercialización de jarras para radiar el agua fue una de las prácticas más comunes durante los años 20 y 30. Entre todos los sistemas, el Revigator fue el que alcanzó mayor popularidad: 'Rellena la jarra de agua cada noche' –decían los reclamos– 'Beba tranquilamente cada vez que tengas sed hasta completar una media de seis vasos al día'. 'Los millones de rayos penetran en el agua para formar ese saludable elemento que es la RADIO-ACTIVIDAD. Al día siguiente, toda la familia dispone de 6 litros de auténtica y saludable agua radioactiva'.
 
 
PASTA DE DIENTES RADIOACTIVA
La pasta de dientes Doramad fue producida durante la Segunda Guerra Mundial por la casa Auergesellschaft de Berlín. Como reclamo publicitario, sus fabricantes aseguraban a los usuarios una sonrisa 'radiante'. En el dorso del tubo dentífrico se podía leer lo siguiente: 'la radioactividad incrementa las defensas de los dientes y las encías'.
         
 
¡TAMBIÉN PARA EL ESCROTO!
El aparato que se ve en la imagen es un Radiendocrinator, fabricado por los supuestos Laboratorios Endrocrinos Americanos y recomendado para mejorar la salud de los varones. Según sus creadores, el artilugio debía colocarse sobre las glándulas endocrinas para producir sus beneficios. Recomendaban llevarlo en el bolsillo o colocarlo bajo el escroto durante la noche.
 
 
 
EXQUISITO CHOCOLATE RADIOACTIVO
Estas tabletas de chocolate, fabricadas por la casa Burk&Braun, se vendieron en Alemania entre 1931 y 1936 bajo el reclamo de sus poderes rejuvenecedores y afrodisíacos.
 
SUPOSITORIOS RADIOACTIVOS
Producidos por una compañía de Denver, los supositorios Vita Radium garantizaban a hombres desanimados y débiles una pronta recuperación gracias a los efectos del radio sobre las glándulas. 'Pruébalos y verás los resultados', decía la publicidad. Eso sí, el cliente podía estar tranquilo porque los pedidos eran enviados con un discreto envoltorio para garantizar absoluta confidencialidad.
 
 
PARA LOS ANIMALES, TAMBIÉN
Semejantes beneficios para la salud, no podían quedar sólo para los seres humanos, así pronto aparecieron los productos destinados a animales y plantas. El Provaradior, comercializado en Francia, se anunciaba como un poderoso revitalizante para los animales de granja, que crecerían más y más fuertes gracias a los efectos beneficiosos del radio.
 
 
REMEDIO INFALIBLE PARA EL DOLOR
Radium Radia fue un remedio fabricado por la empresa Radium Radia Company en Los Angeles y Nueva York. El envase de la fotografía data de 1906. El producto se vendía bajo el eslogan 'The World's Premier Conqueror of Pain!', algo así como 'el conquistador más importante del dolor'. Útil, según el prospecto, para las más variadas enfermedades: gota, reumatismo, dolor de cabeza, dolor de oído, dolor de muelas, lumbago, ciática, dolor de espalda, tos, resfriado, fiebre, rigidez de articulaciones, dolor de garganta, calambres deportivos, incluso esquinces. Como cualquier remedio que se precie había que agitarlo bien antes usar. Su precio era de $1'66. En el peor de los casos el consumidor estaba pagando su propia muerte.
 
 
PRESERVATIVOS RADIOACTIVOS
Esta elegante cajita de color azul (ya vacía) contenía tres preservativos con radio. En la parte posterior de la caja aparece la inscripción: 'A la venta para protección contra enfermedades'. Elaborados en EEUU y fabricados por Nutex.
 
El prestigio de lo radioactivo:
A pesar de que los efectos nocivos terminaron siendo evidentes, la palabra 'radio' quedó instalada como algo prestigioso en la mente de muchos consumidores durante décadas. Así, el término 'Radium' pasó a utilizarse en algunos productos, aunque éstos no contuvieran el más mínimo resto de radioactividad (como sucede hoy con las palabras Gold o Platinum).
 
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