Cambios de Comportamiento causados por Parásitos | muwellness.com

Cambios de Comportamiento causados por Parásitos

Los parásitos son organismos que viven dentro o sobre otros seres (llamados huéspedes). Representan una de las formas de vida más exitosas del planeta. Casi todo organismo sobre la Tierra tiene como mínimo un parásito que ha evolucionado para vivir de él o sobre él. El éxito de un parásito depende de su capacidad para nutrirse y reproducirse dentro de un huésped sin ser destruido. Inadvertidamente, colonizan nuestros cuerpos, se alimentan, cambian nuestro ADN, adaptan nuestros sistemas para convertirlos en su hábitat e incluso modifican nuestro comportamiento.

 
¿Pueden los parásitos alterar la conducta de sus huéspedes?
Quizás uno de los descubrimientos más recientes e impactantes sobre las propiedades de algunos parásitos es su capacidad para manipular el comportamiento de sus hospedadores. En series y películas de ciencia ficción hemos visto criaturas que se introducen en los cuerpos de personas, se adueñan de sus mentes y les fuerzan a realizar las acciones que requiere el invasor para reproducirse. Pues esta habilidad en el reino animal también existe. Aquí van algunos ejemplos:
 
Ejemplos en el reino animal
La Wolbachia es una bacteria intracelular que sólo se transmite de un hospedador a otro por medio de los huevos. Esta limitación ha llevado a la Wolbachia a manejar en su beneficio la biología reproductiva de sus hospedadores. En sus etapas larvarias, asesina en muchos casos a los machos, ya que son para ella cárceles sin salida (no se transmite por el esperma). A los machos de otras especies, como la común cochinilla de tierra Armadillidium, los convierte en hembras al inhibir en los embriones el desarrollo de una glándula que segrega la hormona masculina. La Wolbachia también promueve la partenogénesis en las hembras (una forma de auto-reproducción basada en el desarrollo de células sexuales femeninas no fecundadas, sin necesidad de machos). Además, obstruye el éxito de los apareamientos de los hospedadores que no le convienen, es decir, los que se producen entre machos infectados y hembras no infectadas. Pero hasta el parasitismo más cruel puede evolucionar hacia una pacífica simbiosis. Con el tiempo, la Wolbachia podría pasar de ser parásito a simbionte intracelular; como ocurrió con las mitocondrias –bacterias que en un pasado remoto integraron la mayoría de los genes de nuestro genoma nuclear.
 
Algunas hormigas son parasitadas por un hongo del género Cordyceps. Los filamentos de este hongo penetran en la hormiga a través de los conductos respiratorios y se nutren de sus tejidos blandos. Cuando el hongo está listo para formar esporas, sus filamentos crecen hasta el cerebro y producen una sustancia que cambia el comportamiento de la hormiga. Ésta sube a una planta y se fija a ella apretando sus mandíbulas (situación que es aprovechada por el hongo para desprender sus esporas que –gracias a la altura alcanzada– se dispersan por un área más amplia y pueden infectar a más hormigas). Este parásito también afecta a humanos y se estima que aproximadamente el 60% de la población mundial podría ser portadora. Combinado con metales pesados en el cerebro, puede generar esquizofrenia y cambios en las conductas mentales: las mujeres se vuelven más extrovertidas y los hombres más posesivos. Los parásitos anteriores, a pesar de la sofisticación de su conducta, son poco sutiles comparados con los 'ladrones de cuerpos'; parásitos que drogan, hipnotizan o lavan el cerebro de sus hospedadores para que estos desarrollen la conducta que más les beneficia. Una imagen descriptiva de esto es la de una cucaracha zombi que sigue mansamente a la avispa esmeralda hasta su nido, donde servirá de alimento a sus larvas.
 
Los controles mentales más precisos (los que implican una manipulación de circuitos cerebrales muy concretos) suelen ejercerlos los parásitos que poseen ciclos de vida complejos durante los cuales parasitan a distintas especies. El parásito tiene que lograr que el hospedador '1' se aproxime o se ponga en contacto con el hospedador '2' y así sucesivamente para concluir con éxito. Ejemplo de esto son los caracoles acuáticos infectados por gusanos Trematodos al comer heces de aves. Los gusanos les inducen a subir a las hierbas o rocas; muchas veces ocupando sus tentáculos para moverlos rítmicamente y, de esta forma, ser más fácilmente detectable por las aves que comen caracoles –donde el parásito necesita continuar su ciclo de vida (en su hígado).
 
Controlar el débil y simple cerebro de un invertebrado quizá no tenga mucho mérito, pero otros parásitos gobiernan complejos circuitos nerviosos en el cerebro de mamíferos. Por ejemplo, los virus de la rabia consiguen dispersarse a otros hospedadores por medio de la combinación de dos estrategias: la migración de parte de los virus a la saliva y la invasión masiva del cerebro, donde promueven conductas agresivas. Los individuos infectados desarrollan una tendencia a morder indiscriminadamente. El virus colonizarán un nuevo organismo al pasar desde la saliva a la sangre del nuevo portador.
 
El sorprendente caso del Toxoplasma Gondii
El ejemplo supremo de control mental es el efectuado por el protozoo Toxoplasma Gondii, que inhibe una conducta muy específica de sus hospedadores: los ratones. Este parásito únicamente se reproduce sexualmente en el intestino de los gatos (es por eso que se recomienda a las embarazadas que no estén cerca de gatos o tengan una caja de heces de gato en casa). El Toxoplasma penetra en los roedores cuando éstos comen heces de gato. En su interior, forman quistes por todo su cuerpo pero especialmente en el cerebro. Allí logran lo aparentemente imposible: hacer que el roedor pierda el miedo a los gatos y se deje cazar fácilmente por éstos. Los roedores infectados no salen corriendo cuando perciben olor a gato. La precisión del parásito es extrema ya que, de entre las innumerables conductas que presenta un roedor, sólo modifica ésta. El roedor conserva el miedo a otros depredadores y de este modo los parásitos reducen la posibilidad de encontrarse encerrados en cuerpos que no les son propicios.
 
Un equipo de la Universidad de Oxford liderado por Manuel Berdoy, lleva años investigando el efecto de este parásito en el comportamiento de los ratones y corroboró esta propiedad con el siguiente experimento: construyeron una gran jaula con varios caminos y estancias en las que añadieron gotas con esencia de diferentes sustancias. Una de ellas era orina de gato. Cuando colocaron ratas sanas en la jaula, éstas exploraron todos los rincones, pero al detectar la zona con orina de gato, se apartaron de golpe y nunca volvieron a esa estancia. Cuando repitieron el experimento con ratas infectadas de Toxoplasma gondii, éstas ignoraron completamente el olor a gato. ¡Habían perdido su miedo a ser devoradas por un gato!
 

El Toxoplasma puede vivir en las células cerebrales de cientos de especies
incluidos más de 60 millones de americanos, que no presentan síntomas de sufrir
tal infección.

 
Es importante comprender que, además de bacterias y sustancias tóxicas, nuestros fluidos se ven invadidos por huevos, larvas, quistes y organismos unicelulares que parasitan la estructura corporal y aportan una considerable cuota de ensuciamiento al organismo. La magnitud de una infestación puede desbordar la capacidad de nuestro sistema inmunológico (reacción antigénica) e incluso en muchos casos eludir su acción al localizarse en áreas donde las defensas corporales están inhibidas de actuar (por ejemplo en el cerebro).
 
El biólogo Lafferty ha encontrado un alto índice de correspondencia entre la toxoplasmosis y las neurosis, sugiriendo que este tipo de infecciones puede cambiar literalmente la cultura de un país. El estudio de Lafferty es sumamente interesante (el autor analiza pacientes de 39 países distintos). Por otro lado Jaroslav Flegr –parasitólogo de Praga– encontró que el Toxoplasma Gondii puede determinar el sexo de los hijos en humanos, llegando a alterar notablemente la relación entre el número de machos y hembras que nacen. Esta relación, que es de 104/100 a favor de los varones, se altera hasta un sorprendente 206/100 cuando los progenitores están infectados. Si quieres leer más sobre este fascinante tema, no te pierdas este artículo publicado por la revista Discovery en agosto del año 2000 (en archivos adjuntos).
 
Diagrama 1  Ciclo de vida de un Toxoplasma Gondii. Puede causar
problemas oculares, infertilidad femenina y cursar con hepatitis.
 
La especie humana está, en la actualidad, fuertemente infestada con parásitos. Cada uno de nosotros tenemos docenas de parásitos distintos, de los 120 parásitos comunes que se pueden encontrar en el cuerpo humano. Nosotros somos y hemos sido perfectos receptores de parásitos. Nuestro cuerpo es suficientemente grande para proveer alimentos y cobijo a un gran número de ellos. El hecho de que no los podamos ver o aparentemente notar, nos hace suponer erróneamente que no los tenemos. Pero ahí están alimentándose de lo mejor de nuestras células y dejándonos sus residuos tóxicos en nuestro organismo. Hoy día está demostrada la incidencia de distintos tipos de parásitos en determinadas enfermedades. Pero no solamente el propio parásito es el causante de ellas sino también los virus y bacterias que vienen con ellos. Consulte la tabla de parásitos portadores de virus y oncovirus. Cuando su presencia es numerosa pueden hacerle sentir bastante enfermo. En la sociedad moderna se ha estudiado un notable incremento de todos ellos debido al establecimiento de un nuevo “reservorio biológico” en el ganado vacuno, avícola y animales domésticos. Algunos de estos parásitos más comunes en la actualidad son el trematodo intestinal Fasciolopsis buskii, el del hígado de las ovejas Fasciola hepática, el pancreático del ganado vacuno Eurytrema pancreatica, el del hígado humano Clonorchis sinensis, y el gusano redondo común, Ascaris. Ampliar información 
 
En humanos la Dra. Clark atribuye la esquizofrenia a micotoxinas producidas por varios hongos ubicados en el cerebro. Otro ejemplo de modificación de comportamiento es la bacteria Shigella, cuyas toxinas al instalarse en el cerebro o médula espinal causan depresión, ira e irritabilidad. Dice la Dra. Clark que mucha de la agresividad que se manifiesta en la sociedad norteamericana está causada por una alimentación excesivamente contaminada con mohos y bacterias y que, si en las cárceles se siguiera un programa de control de micotoxinas y parásitos, muchos de los problemas relacionados con la violencia se resolverían.
Se sabe que una persona desparasitada es menos propensa a todo tipo de enfermedades y que en los lugares donde se han realizado desparasitaciones planificadas, se obtuvieron mejorías enormes en el rendimiento laboral e intelectual así como un menor índice de trastornos nerviosos y emocionales. Las personas habitualmente desganadas inmediatamente recuperan el hambre tras ser desparasitadas.
 
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• Limpiezas de la Dra. Hulda Clark
                  
 
¿Todavía vives en Disneyland? Más escalofriantes casos en el reino animal:
¿Los parásitos gobiernan el mundo? Descarga el artículo aquí. Revista Discover (agosto 2000).